Supongo que esto es otra causa perdida, Señor Paine. Ustedes no saben nada sobre causas perdidas. Pero el Señor Paine sí. Una vez dijo que eran las únicas por las que merece la pena luchar. Y luchó por ellas en una ocasión, por la única causa que un hombre debe hacerlo. Y por una pura, llana y sencilla norma: ama a tu prójimo. En este mundo lleno de odio el hombre que cumple ese precepto es digno de confianza. Usted conoce ese precepto, Señor Paine. Y yo le admiraba por eso igual que mi padre. Usted sabe que ha luchado por las causas perdidas con más fuerza que por muchas otras. Incluso moriría por ellas, como hizo el hombre que ambos conocimos, Señor Paine. ¿Cree usted que estoy vencido? Todos piensan que estoy vencido. ¡Pues bien, no lo estoy! Y voy a quedarme aquí para luchar por esta causa perdida aunque en esta cámara abunden las mentiras como esta. Y los Taylor y todos sus ejércitos entren en este lugar. Porque alguien me escuchará.

Jefferson Smith / Caballero sin espada (Frank Capra, 1939)

Hoy ha llegado el correo y un amigo me ha escrito lo siguiente:

«Los massai han informado al Comisario del distrito de Ngong que muchas veces, al alba y al crepúsculo, han visto leones en la tumba de Finch Hatton. Un león y una leona llegan hasta allí y permanecen en pie o echados sobre la tumba durante largo tiempo. Después de irte tú el terreno que rodea la tumba fue nivelado formando una especie de terraza. Supongo que aquella elevación constituye un lugar ideal para los leones. Desde allí pueden observar toda la pradera y el ganado y la caza que hay en ella.»

A Denys le gustará saberlo. Tengo que acordarme de contárselo.

Karen Blixen / Memorias de África (Sydney Pollack, 1985)